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DIGAMOS
NO AL CAFTA
Source:
El Nuevo Herald
Printed: Monday, March 21, 2005
Written by:Anita de Palma |
Los
trabajadores hispanos en los Estados Unidos y Centroamérica
disfrutarán de pocas ventajas si un nuevo Tratado de Libre Comercio
de Centroamérica (CAFTA, por sus siglas en inglés) es
aprobado por el Congreso en esta primavera de 2005. En efecto, como
ocurrió con el Tratado de Libre Comercio para América
del Norte (TLCAN, o NAFTA) unos años atrás, esos trabajadores
serán perjudicados por la adopción de este tratado supuestamente
diseñado para establecer el libre comercio entre los EEUU y
cinco países de Centroamérica y República Dominicana.
Lo que se escucha más a menudo de la prensa norteamericana es
cómo los mundos de negocios y gobierno favorecen a este tratado.
Nadie pregunta sobre cuáles serán los resultados para el
sector más afectado: los trabajadores. El CAFTA, firmado durante
el pasado verano por el presidente Bush, hace la vista gorda ante los
derechos de los trabajadores, las leyes laborales, las políticas
contra la discriminación, las leyes de compensación y la
protección ambiental. El tratado promueve la causa de las grandes
corporaciones a costa de los derechos humanos y de la protección
del medio ambiente.
El CAFTA abarca Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua
y República Dominicana. Fue creado según el ejemplo del
acuerdo hermano, el Tratado de Libre Comercio para América del
Norte. Afirman sus exponentes que abrirá el libre comercio entre
los estados miembros y los EEUU, produciendo más empleos y mejores
condiciones.
Se han realizado decenas de reuniones en Washington, el estado de la
Florida y muchas otras importantes ciudades de los EEUU con la participación
de ejecutivos bien ataviados, conducidos en sus limosinas, y diplomáticos
de los gobiernos de Norte y Centroamérica, quienes enumeran una
supuesta ventaja tras otra del CAFTA. Pero rara vez se escucha la voz
de las personas que supuestamente serán las más beneficiadas
por este tipo de tratado de comercio. Ciertamente no están desfilando
para defender su aprobación. Al contrario, trabajadores, grupos
que promueven los derechos de los trabajadores y grupos religiosos y
ecológicos están efectuando protestas justamente en los
países que supuestamente sacarán el mayor provecho de esta
iniciativa.
De hecho, recientemente en Washington los dirigentes de cuatro grupos
latinos de derechos civiles, entre ellos nuestra organización,
sumaron sus voces a la creciente preocupación que existe sobre
la aprobación del CAFTA. Sus principales inquietudes incluyen
la atención inadecuada a las normas ecológicas y laborales,
el posible daño a los mejores agricultores centroamericanos a
causa de productos norteamericanos subvencionados, el insuficiente papel
de los grupos laborales o locales a la hora de ofrecer sus criterio,s
y las ganancias desproporcionadas de las compañías multinacionales
a costa de los trabajadores y los pobres.
Según algunos estimados, en estos momentos 400 personas emigran
a los EEUU desde Centroamérica todos los días. En nuestra
opinión, CAFTA incrementará la emigración y no mejorará las
condiciones.
A causa del NAFTA ha crecido el número de personas que son excluidas
de la fuerza laboral formal y que han sido a su vez relegadas al llamado
sector ''informal'', donde son pocas e inusuales las leyes de protección.
Los sueldos de trabajadores en México bajaron, no subieron. Las
mismas condiciones pueden aparecer bajo el CAFTA, pero a un ritmo accelerado.
Para comenzar, los países del CAFTA están muy en desventaja
con respecto a los Estados Unidos, Canadá y otras naciones desarrolladas
en lo que a leyes laborales y protección de los derechos humanos
se refiere.
El CAFTA hace caso omiso a principios fundamentales como la necesidad
de cumplir con leyes laborales de protección a la población
infantil y a la mujer y como la adherencia a las normas laborales internacionales
que regulan la contratación, despido, pago, derechos y condiciones
justas de trabajo del empleado.
Muchos de los países del CAFTA cuentan con Ministerios del Trabajo
que no son lo suficientemente estrictos con los estándares internacionales
en materia de empleo. En algunos casos, el poder judicial no hace cumplir
los derechos laborales elementales. Tal es el caso de negociaciones colectivas
en cuanto a beneficios de salud, pensión y educación. Más
atroz aún, algunos no tienen leyes que protejan a los niños
contra trabajos forzados o a las mujeres contra la discriminación
laboral, salarial u otros abusos, como ocurre con el derecho que se atribuyen
algunos empleadores a hacer pruebas de embarazo sin previo aviso.
Sin las normas básicas de protección laboral y salarial,
en Centroamérica la fuerza trabajadora desempleada se verá obligada
a subsistir con cualquier tipo de trabajo o remuneración que pueda
conseguir. Los índices de pobreza aumentarán mientras el
respeto a los derechos humanos decaerá.
De nuevo, siguiendo el fracasado modelo del NAFTA, en la medida en que
sigan siendo exportados al sur, en los Estados Unidos cada vez se perderán
más puestos de trabajo, sobre todo aquéllos ocupados por
hispanos. ¿El resultado? Un círculo vicioso e inevitable
de pérdida y explotación.
El CAFTA apoya prácticas laborales que están por debajo
de los estándares aceptados y que ponen en riesgo los puestos
de trabajo en Norteamérica. Este tratado beneficia a las corporaciones
que buscan mano de obra barata. No hace nada para proteger a las familias
trabajadoras de los EEUU y Centroamérica. Nuestra única
esperanza ahora es que el Congreso minimice la participación de
los EEUU en el tratado y que coloque a éste de nuevo en la mesa
de discusiones. Allí, con algo de suerte, el CAFTA podrá mostrar
un ápice de humanidad.
Directora en la Florida de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos
(LULAC).
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